Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman
El Talmud cuenta que hubo varias rebeliones hebreas contra los romanos. La primera tuvo punto final en Masada, año 73 e.c. La segunda fue alrededor del 110 e.c., comandada por dos hermanos, Pappus y Lulianus. Los romanos los masacraron.
La llamada Segunda Guerra Judía fue la Gran Rebelión, liderada por Simon bar Koseba, un líder que con su carisma consiguió el apoyo de grandes masas de gente. Artesanos, rabinos, estudiantes de academias rabínicas, comerciantes, incluso unos cuantos no judíos, que se unieron porque vieron en la rebelión una posibilidad seria de evadirse del enemigo común: el yugo romano. Se han descubierto refugios de la guerra de Bar Koseba donde murieron y guardaron sus documentos soldados nabateos. (Tribus árabes, politeístas, cuya capital era Petra, actualmente en Irán). La rebelión tuvo un éxito abrumador durante los primeros años. El ejército rebelde fue muy numeroso para esas épocas, algunas fuentes hablan de 200.000 soldados que lo seguían, otros dicen 350.000. Algunos arqueólogos afirman que el nuevo Estado se llamó “Israel” y una de las evidencias que muestran su independencia es que acuñaron sus propias monedas. Se han encontrado muchas monedas de la época de Bar Koseba, la mayoría tienen la inscripción del Templo de Jerusalem con una estrella que se levanta en el fondo. En el reverso dicen “Año uno de la redención de Israel”.
Las cartas encontradas por el arqueólogo Ygal Yadin en cuevas del desierto de Judea muestran a Bar Koseba como un líder militar muy capaz. Declaró que la tierra que estaba bajo su comando era propiedad del Estado de Israel del cual él mismo era el “Nasí” (príncipe). Bar Koseba escribe sus cartas y órdenes a sus oficiales militares en hebreo simple. (1) Firma “Bar Koseba, Nasí de Israel”. Fue Rabi Akiba quien le aplicó el verso mesiánico “Una estrella se levantará de Jacob”. (2) Así el guerrero adquirió el apelativo “Simon bar Kojba”, es decir “hijo de la estrella”. Es posible que él mismo, influenciado por Rabi Akiba, aceptó un rol mesiánico, que concibió en términos políticos. Pero eso no era lo que había soñado rabí Akiba, que ansiaba ver al Rey Mesías designado por el Señor del Universo.
Se descubrieron refugios de esa época en las cercanías de Hebron, Belén, el Mar Muerto, Beersheva, Arad. Esto deja en evidencia que esa revuelta tuvo mayor magnitud de la que se creía. El historiador romano Cassius Dio, en su “Historia Romana” habla de 50 ciudades y 985 aldeas arrasadas por los romanos a consecuencia de la rebelión de Bar Koseba. Mucho tiempo se creyó ese número exagerado, pero los cientos de refugios encontrados hasta ahora han hecho cambiar algunas ideas.
Los rebeldes que acompañaban la rebelión se negaron a rendirse y prefirieron morir de hambre y sed, los romanos no se molestaron en enterrarlos. Los cuerpos se conservaron en el ambiente seco del desierto, comenzaron a descubrirse hacia fines del siglo XX. Algunos guardaban en su refugio, las llaves de sus casas y carteras con sus documentos. Han aparecido unos 650 refugios de la época en cuevas de las montañas y en sótanos de casas que quedaron en ruinas, incendiadas por los romanos de ese entonces. Habría que seguir excavando en los sótanos de viviendas antiguas de Belén y Hebrón, pero la autoridad arqueológica de Israel no puede hacerlo porque sería cavar debajo de las casas de la actual población árabe.
Roma se sintió realmente amenazada por esta revuelta de Judea. El emperador Adriano hizo venir 7 o tal vez hasta 12 legiones para lograr reconquistar estas tierras y vino él mismo a dirigir las operaciones.
La batalla final que liquidó la rebelión de Bar Koseba fue en la fortaleza de Betar. El lugar de Betar era cerca de Jerusalem, pero fue tan arrasado que hasta ahora no se han podido encontrar sus rastros, aunque se han propuesto varios lugares posibles. Según relatan el Talmud y los historiadores, los hebreos estaban allí bien apuntalados y tenían suministros con los que podían haber soportado un largo sitio. Pero las entradas secretas a Betar fueron reveladas a los romanos por algún traidor y los romanos irrumpieron adentro de las murallas.
Bar Koseba acusó a Rabbi Elazar de ser el traidor y lo hizo ejecutar sin darle oportunidad de un juicio. Eso enfureció a los rabíes que quitaron su apoyo al comandante y comenzaron a darle otro apodo: “Bar Koziva,” el «hijo de la mentira- o el hijo del fracaso». (3) Así se lo nombra varias veces en el Talmud.
Betar cayó el día 9 de Av en el año 135 e.c. Cuentan que cuando la fortaleza fue tomada, el cuerpo de Bar Koseba estaba entre los cadáveres. Los romanos degollaron hasta cansarse. El historiador romano Dio Cassius y el Talmud hablan de un río de sangre que empapó la tierra y corrió por los campos.
El emperador Adriano no quedó conforme con esto. Ordenó borrar el nombre de Judea hasta de los mapas. Unió las antiguas provincias romanas de Judea, Galilea y Samaria y les buscó un nombre diferente. Lo encontró en el nombre de los antiguos pueblos filisteos, que habían florecido en el segundo milenio y comienzos del primer milenio a.e.c. hasta que desaparecieron en el siglo VII a.e.c, tras la conquista de los asirios. La nueva provincia romana se llamó “Palestina”. ¡Así que a los romanos debemos el nuevo nombre de la antigua tierra!
El emperador Adriano prohibió a los judíos vivir y aún visitar Jerusalem. Les prohibió tener consigo rollos de la Biblia o enseñarla. Adriano siguió persiguiendo a los judíos hasta su muerte, unos 10 años después. El Talmud relata terribles atrocidades cometidas por los romanos, niños quemados vivos envueltos en rollos de la Biblia, rabíes destripados vivos. (4) Los romanos llenaron los mercados de esclavos de prisioneros judíos.
Tras ese doloroso fracaso, los hebreos decidieron que la llegada del Mesías no podía ser producto de luchas de hombres, sino solamente decidido por el Señor del Universo. Desde la rebelión de Bar Koseba en adelante, los judíos observantes se comportaron de manera pasiva, negándose a levantamientos armados, manteniéndose unidos por el estudio y la práctica de su religión y su Ley, a veces refugiándose en el esoterismo de la cábala. Esperando siempre, todos los días, desde lo más profundo del corazón, una redención divina.
Una vez más, los sucesos de un aciago día 9 de Av no aplastaron al pueblo hebreo sino que lo empujaron a renacer centrando sus fuerzas donde las encontrara. Durante los siguientes dos mil años de exilio, la Biblia fue la patria para los hebreos. El Talmud se convirtió en ley para aplicar a la vida diaria de este pueblo errante, en la medida que la ley de cada país donde vivían, lo permitiera. El pueblo sin tierra se convirtió en el “Pueblo del Libro”.
Más episodios terribles sucedieron un 9 de Av y siempre los guardaremos en la memoria. Los dejamos para comentar en otra oportunidad.
La formación del Estado de Israel y su desarrollo a partir del siglo XX, daría un renacimiento diferente y vigoroso a la historia hebrea. Pero ese es otro tema.
¿Qué he buscado rescatar al recordar estos sucesos de destrucción? Tener presente cómo, contra todas las probabilidades y en todos los casos, el pueblo judío supo resurgir de las cenizas. ¡Y estamos aquí!
Esther Mostovich de Cukierman
(1) En ese entonces, el idioma corriente de la población es el arameo y hay algunas cartas de Bar Koseba en arameo. Pero sus órdenes militares están en hebreo. Los arqueólogos sugieren que el uso del idioma hebreo es para que los soldados romanos no las entendieran si por casualidad las encontraban.
(2) Números 24:17.
(3) Talmud Tratado Guitin, folio 93 a.
(4). Talmud Bavli Tratado Guitin (Divorcios) folios 57a-58b.
De la destrucción al renacimiento 3ª. Parte (y última) Tisha be Av. 9 de Av del año 135 e.c.
16/Ago/2016
Esc. Esther Mostovich de Cukierman (para CCIU)